ACTUALIZADO | 16/11/2018 - 18:06

«Ganarás menos, trabajarás más y con riesgo de ir en cana»

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«Ganarás menos, trabajarás más y con riesgo de ir en cana»

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Los 50 años del edificio sede de AEBU se continúan celebrando mediante testimonios recogidos por Radio Camacuá. El lunes y el martes entregaron sus recuerdos cuatro funcionarios jubilados.

En sucesivas entrevistas fue rescatada una visión que por lo general permanece oculta, dado que lo que trasciende sobre el sindicato se conoce solo a través de sus dirigentes.

Ahora, gracias a la conmemoración de los 50 años de la casa de AEBU apreciamos su historia contada por quienes mantuvieron al sindicato funcionando en medio de grandes dificultades económicas y bajo el asedio de la dictadura. Los de Carlos Coghlan, Roberto Moreira, Ruben Soto y Jorge Larrobla fueron aportes que mostraron la vida cotidiana de nuestra sede en las etapas previas a su inauguración y durante los duros años del gobierno militar.

Ingresado en 1978, Jorge Larrobla afirmó que siempre recordará la frase con la que fue recibido por Juan Pedro Ciganda, presidente de AEBU al momento de su ingreso. Con su carácter afable le dijo: «Bienvenido. Acá todos somos macanudos, pero vas a ganar menos y tendrás que trabajar más que en otro lado. Y además corrés el riesgo de ir en cana en cualquier momento». 

Nada que no fuera cierto. Se trabajaba en AEBU con ahínco y con espíritu de cuerpo. Eran habituales las detenciones de trabajadores y dirigentes: algunas «para averiguar» y otras con condenas arbitrarias y prisión. El propio Larrobla junto con Roberto Moreira fueron detenidos el mismo día por la Policía, en el local del sindicato.

Los cuatro entrevistados coincidieron en destacar la figura de Juan Barbaruk, quien fue primero sobrestante de la obra, más tarde y ya inaugurado el edificio su conserje y luego administrador del sindicato. Su persona —imponente de por sí por su contextura física— y la exigencia que en materia de puntualidad y de pulcritud mantenía pusieron siempre la vara alta y el edificio bajo su comando se conservó siempre ordenado e impecable.

Carlos Coghlan recordó la supervisión cercana que este compañero ejercía sobre las labores de limpieza del edificio recién terminado y en especial con los restos de la obra diseminados por todos los rincones. Había que inaugurar el edificio y los plazos se acortaban. «Pintábamos y limpiábamos día y noche, porque al edificio había que terminarlo». Frente a este desafío todos actuaron como uno y la sede de la que hoy disfrutan los trabajadores del sistema financiero lució resplandeciente.

Larrobla se refirió a Barbaruk como una persona que comenzaba por sacrificarse personalmente y a partir de ese gesto motivaba a los demás para el cumplimiento de los horarios y las tareas. Como en las etapas iniciales residía en el cuarto piso del edificio, se levantaba a las seis de la mañana para revisar que todo estuviera en orden y el personal tenía que acompañarlo en esta conducta.

Roberto Moreira sostuvo que el de AEBU «es un edificio que maravilla» y resaltó el privilegio de haber trabajado en la imprenta en el segundo piso, mirando al mar, porque «en pocos lugares puede trabajarse a gusto en esas condiciones».

«Yo nací acá, hice mi vida y eso es mucho». Así comenzó Ruben Soto su intervención en Camacuá y Reconquista. Con el edificio en sus últimas etapas de finalización ya se percibía el enrarecimiento del clima político. A título de anécdota y para dar una idea del clima que se vivía ante la inminencia del  golpe de Estado, narró lo sucedido el día en que este se produjo. Todo el dinero de AEBU estaba en la caja fuerte. Nada se depositaba en el banco justamente por temor al golpe y a un posible congelamiento de los fondos. «Se dieron cuenta del riesgo que se corría y vaciaron la caja, pero nosotros nunca dejamos de cobrar el sueldo».

Numerosos relatos de este tipo fueron recogidos en las entrevistas sucesivas de los días lunes y martes pasados a los cuatro compañeros.  

 Video del lunes 27  

 Video del martes 28