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Reducción de costos castiga empleo y rebaja calidad de atención

Mar 23/08/2016 - 14:19 por Administrador

Entrevista a ELBIO MONEGAL, presidente del Consejo del Sector Financiero Privado de AEBU.

Cae en todo el mundo el número de bancarios y Uruguay no es la excepción. Pero la introducción de nuevas tecnologías causante del desplazamiento de trabajadores ha rebajado la calidad de la atención al público. Y el aumento de las corresponsalías tiende a agudizar este fenómeno.

—Se constata a nivel mundial un descenso del número de trabajadores bancarios, una tendencia a la que Uruguay parece no escapar.

—Es así. Nos importa la reducción del empleo bancario porque es un trabajo de calidad que se está perdiendo y hoy es difícil para los jóvenes acceder a un empleo. Esto es producto de que la tecnología ha venido avanzando y cada vez más se está cambiando mano de obra por tecnología. Hoy los procesos informáticos permiten que lo que antes se producía entre seis o siete personas se haga en mucho menos tiempo y apretando un botón.

Ese tipo de cosas conspira contra el empleo, y eso nos importa, no solamente por la salud de la Caja Bancaria, sino porque se trata de trabajos calificados a los que hoy menos uruguayos tienen acceso. Nos importa también por este sindicato que antes tenía muchos más bancarios afiliados. Hoy quedan apenas nueve bancos privados y todos con la tendencia a achicar sus plantillas, o por lo menos a funcionar con la mínima cantidad de trabajadores posible.

—¿Qué números se pueden manejar sobre la disminución del empleo bancario?

—Se vienen perdiendo lugares de trabajo todos los años; en los últimos dos hemos perdido unos cien puestos de trabajo. Estoy hablando de retiros incentivados, prejubilaciones que los bancos han ofrecido a su personal. No hay retiros compulsivos, obviamente, pero sí incentivados.

Las fusiones contribuyen a una baja importante de las plantillas. La última ha sido la del Scotiabank con Discount, en la que, a la larga se van a perder los puestos de trabajo que provenían del Discount; no los puestos, sino la cantidad de trabajadores. Esto ya lo hemos visto en anteriores fusiones, como en los casos de Santander–ABN, de BBVA con Crédit Agricole, de Heritage con Lloyds. Siempre se termina perdiendo puestos de trabajo de alguna de esas empresas.

Uruguay no va a escapar a la tendencia mundial por varias razones. La primera es porque no hay un solo banco privado y nacional. Toda la banca privada es extranjera y las decisiones que se adoptan en la casa matriz son para todo el grupo, independientemente del país de que se trate, pero además nadie tiene en cuenta a Uruguay. El mejor balance de una filial uruguaya para cualquiera de estas corporaciones es insignificante; no mueve la aguja para ningún lado. Por lo tanto nadie se va a preocupar en modificar sus políticas pensando en Uruguay. Y al no tener una banca privada nacional que pueda de alguna manera liderar en el mercado privado, acá la banca extranjera hace lo que sus matrices deciden. Por eso nosotros vamos directamente ligados a ese fenómeno mundial.

—¿Qué puede hacer un sindicato ante esta tendencia?

—La única diferencia importante que tenemos es que en otros países las salidas son compulsivas, las reestructuras se hacen y se echa a los trabajadores. El banco dice «bueno, vamos a hacer tal o cual negocio, vamos a reestructurar nuestra operativa y por tanto me quedan 5000 trabajadores en la calle». Les paga el despido y a otra cosa. O un banco se fusiona con otro y compra solamente las carteras —los activos, los pasivos—, y los trabajadores a la calle. Una particularidad de Uruguay es que eso aquí no ocurre. Los bancos se venden total o parcialmente —como en el caso del Citi a Itaú— siempre con sus trabajadores. Pero esa particularidad la impone la realidad de un mercado donde hay un sindicato fuerte.

Hasta ahí se puede incidir, porque en el resto es muy difícil. Por ejemplo: el BBVA resuelve que va a comprar una cantidad de máquinas que ya probó en España y funcionan muy bien. Son dispensadoras que cuentan dinero, dan cambio y además, en el momento de recibir billetes, los  acreditan en cuenta. ¿Y si resuelve comprarlas para todo el grupo, nosotros qué vamos a hacer? No las vamos a parar en el puerto.

Los pedidos de informes para conceder un crédito ya no existen más. Recuerdo a un compañero que hacía esa tarea. Hay software tan sofisticados que con solo presentar la cédula de identidad y un recibo de UTE —por lo que consumís y porque nunca te atrasaste— el sistema ya sabe hasta cuánto te puede prestar. La tecnología avanza a pasos agigantados. Y, por otra parte, el capital lo que quiere es ganar más dinero, no le interesa en absoluto la fuerza de trabajo y —si puede— compra robotitos que no le molesten, no hagan paro y no se le enfermen.

Tampoco el sindicato se ha opuesto a la tecnología; lo que hemos tratado de hacer es que incida lo menos posible en los puestos de trabajo, pero no podemos ir contra lo que al usuario, al cliente del banco, le termina resultando más cómodo, más accesible. Tenemos que tratar de que esas cosas no perjudiquen a los trabajadores, que no por eso haya pérdida de salario, o que los bancos digan «me está sobrando gente», sino que esos trabajadores se reciclen y se envíen a capacitar y a otras tareas donde se puedan utilizar. Eso es lo que podemos hacer hoy por hoy.

—¿Y cómo se defiende el trabajo en estas situaciones?

Lo que hay que tratar de lograr es que la gente que hoy se desempeña en lugares donde antes había cinco trabajadores y actualmente —por el nuevo software— ya no son necesarios, se siga capacitando para trabajar en otros. Hay áreas de los bancos que crecen, por ejemplo las comerciales. Y en estas áreas, hasta ahora, no se ha encontrado  por el lado de la tecnología la forma de sustituir gente. Cuando vas a ofrecer un producto del banco no mandás a un robot; tiene que ir una persona a ofrecerlo, saber adecuar los productos al cliente, saber escuchar las necesidades  que este tiene. Hasta ahora todo eso no se ha podido modificar. Pensamos que allí se podría incrementar el número de empleados.

—¿Se trata entonces de un problema de distribución del personal?

—Sí. Los bancos tienen a mucha gente en los servicios centrales y no tanta en las bocas de venta que son las agencias. Allí —y hablamos de todos los bancos— el público se queja por la atención. Sucede que  es poca la gente que va a las casas centrales porque la agencia es la que queda más cerca de su trabajo o de su casa o de su negocio y en ella es donde el cliente hace toda la operativa a pesar de la su escasa dotación. Las bocas de venta requieren más gente; sin embargo las empresas no cubren esas necesidades.

—¿Por qué hacen eso?

—Por un tema de costos: prefieren malatender a un cliente que poder llegar a perder dinero. Ellos tienen paramétricas y miden: cantidad de depósitos que tiene la agencia, cantidad de negocios, cantidad de clientes y esta cuenta les da que tienen que tener seis empleados. Si estos andan en patines no les importa, porque si ponen siete ya se salen de los números y entonces esa agencia puede entrar a tener riesgos. Por este motivo, los clientes soportan cuatro horas de espera porque no son los VIP que al banco le interesan. El que va a cobrar un cheque, ese no es cliente del banco, entonces se queda cuatro horas parado. Les importa el gran cliente.

—Esto nos está hablando de una especie de diferencia de clases…

Hay diferencia de clases entre los clientes de los bancos y habrá todavía más cuando se desarrollen las corresponsalías. Por ejemplo, a un muchacho que trabaja en una empresa y gana 20 o 25 mil pesos, se le entrega una tarjeta de débito para que saque la plata, pero el negocio que él puede hacer con el banco, por su bajo salario, es muy escaso. Entonces irá a que lo atienda un corresponsal. En cambio, el que tiene un ingreso mayor y puede pedir un préstamo para vehículo o para vivienda, ese va a ser atendido en la casa central del banco y también en las agencias, aunque en estas últimas no lo será del mismo modo. Eso lo vemos mal porque la atención tiene que ser la misma para todo el mundo.

—Y si dentro de un mismo banco tenemos diferencias de atención, cuando vamos a una red de pagos o a un supermercado seguramente estaremos bajando otro escalón…

—Si vas a un banco a sacar un crédito tenés determinada seguridad, pero si vas a una farmacia no es lo mismo. Eso nos preocupa.

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Hemorragia en el empleo
 

En un solo mes —julio de 2016— a través de la prensa internacional hemos recopilado noticias sobre la disminución del empleo bancario, especialmente en Europa. En muchos casos se trata de despidos consensuados con los sindicatos, de prejubilaciones con incentivos, y en muchos otros de despidos lisos y llanos.

A partir de esta información, obviamente parcial, se llega a redondear 40 mil trabajadores sin empleo. Julio no es un mes especial en este aspecto, sino que estamos ante una permanente hemorragia de la fuerza de trabajo hecha en nombre del ahorro de costos y de la búsqueda de la eficiencia de las empresas en un ambiente competitivo. Dentro de este panorama —que no excluye a Uruguay— se destaca la especial ferocidad de la banca brasileña con 6785 trabajadores despedidos en el primer semestre de este año.

Esta tendencia está siendo santificada por el Banco de Pagos Internacionales (BIS) cuya propiedad es de numerosos bancos centrales. En su último informe anual este aconsejó cerrar oficinas y eliminar empleos «para garantizar el retorno sobre su capital y atraer inversores».

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Hacia la asamblea de banca oficial
 

Realizado el jueves 4 de agosto en la Sala Camacuá de AEBU, el plenario de delegados y comisiones representativas de la banca oficial y la Agencia Nacional de Vivienda (ANV) significó una primera aproximación al pensamiento de nuestros afiliados de todo el país.

La participación importante de compañeros y la existencia de numerosas actas —que resumieron la discusión de distintas asambleas en los lugares de trabajo— permitió conocer cómo se van alineando las posiciones de nuestro gremio hacia una próxima Asamblea General del Sector Financiero Oficial.

Recorrida esta etapa necesaria hacia una toma de decisiones al más alto nivel, cabe destacar la importante concurrencia de compañeros y un pronunciamiento mayoritario por devolver a la mesa de negociación el preacuerdo del consejo del sector con el gobierno, que fuera rechazado por la última asamblea.

En estos últimos días nuestros consejeros mantuvieron reuniones con las autoridades del Banco de Seguros y del Banco Hipotecario con el fin de precisar cuáles son las secciones de estas instituciones donde entienden necesario recurrir a la extensión horaria voluntaria, cuáles son los fundamentos de dicha decisión, saber si son para tareas permanentes o transitorias y conocer los futuros llenados de vacantes mediante concursos externos.

Paralelamente se cumplen asambleas con paros departamentales en diferentes capitales departamentales para continuar avanzando en la discusión del convenio y de las opciones planteadas al gremio en este sentido.

En la reunión del lunes 1 con el gobierno este propuso al sindicato dos alternativas y el 31 de agosto como fecha tope para poner fin a las discusiones. Las opciones propuestas por el Poder Ejecutivo son la renovación del convenio actualmente vigente, sin ninguna mejora, o el preacordado en abril que sí contenía avances sobre el anterior, pero fue rechazado por la asamblea general el 7 de mayo.

En su primera consideración por parte del consejo del sector oficial tras esta reunión, se aprobó una moción presentada por las agrupaciones 98 y 17 que busca una salida negociada para el conflicto, posición que luego fue mayoritaria también en las posiciones llegadas de las asambleas en los bancos, según surgió de las actas presentadas en el plenario de delegados.

Han transcurrido 100  días desde la última asamblea sin que la situación haya cambiado de manera positiva. Por el contrario, la fecha tope que pretende imponerse para las negociaciones y que el sindicato rechaza, es el próximo 31 de agosto. De manera que debe entonces irse hacia otra consulta de ese tipo, porque el gremio con la discusión previa que viene llevando a cabo está en condiciones de analizar la situación planteada, tomar una resolución y cerrar este capítulo de manera exitosa para el sindicato, con nuevos avances.

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BROU extiende cierre parcial de sucursales
 

AEBU y vecinos de siete localidades se movilizan desde hace tiempo contra el cierre, durante dos o tres días, de sucursales en pequeños pueblos del Interior y ya han logrado reunir cinco cabildos abiertos. De manera inesperada esta situación, lejos de enmendarse, se agravó: el 8 de agosto, a través de una circular interna, el BROU comunicó que se propone aplicar la medida en otras 14 dependencias. Paralelamente acaba de firmar un convenio con El Correo por el cual este actuará como corresponsal en 160 locales y todo ello preanuncia un rediseño de la presencia del banco en el Interior profundo. Se trata de dos impactos muy recientes que el sindicato se apresta a discutir.

Hasta ahora las pequeñas poblaciones han respondido positivamente a la iniciativa de AEBU de reclamar contra las aperturas intermitentes de los locales del BROU en pueblos y villas de escaso número de habitantes, generalmente distantes de las capitales departamentales y cuya economía gira en la mayoría de los casos en torno a las actividades rurales.

La presencia del Estado y de los servicios públicos es débil en esas localidades y cuando estos disminuyen su ausencia es sentida por la población.

Los cabildos abiertos ya realizados tuvieron lugar en Tomás Gomensoro, Tambores, Baltasar Brum y Nuevo Berlín. En este último caso, la reunión se celebró el viernes 5 de agosto y, pese a una lluvia torrencial, congregó a un centenar de vecinos entre los que se contaban también concejales locales y ediles de la Junta Departamental de Río Negro. En esta oportunidad se registró una gran participación de los vecinos, quienes manifestaron de manera unánime su reclamo de que el BROU retorne a su frecuencia de apertura diaria los días hábiles.

Falta todavía realizar los cabildos abiertos en La Paloma de Durazno y Conchillas, pero ahora los desafíos que parecían circunscritos a siete poblaciones alcanzarán a 21. Ello obligará al sindicato a reposicionarse sobre estos hechos consumados que preocupan a las pequeñas poblaciones del Interior y van contra nuestra visión sobre los servicios del banco país.

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50 años de unidad merecen un festejo
 

Este es un año de festejo para el PIT-CNT porque se cumplen, entre setiembre y octubre, los 50 años de la fundación de la CNT. Mientras la central sindical desarrolla sus batallas cotidianas, paralelamente se vienen sucediendo diferentes actividades conmemorativas. En junio recordamos a los dirigentes Wladimir Turiansky y José Pepe D’Elía y a la histórica huelga general de 1973.

En julio inauguramos el matasellos conmemorativo de los 50 años, dimos nombre a una plaza en recuerdo a León Duarte y la Comedia Nacional se adhirió a la conmemoración representado la obra El Otelo Oriental.

Este mes —el día 10— continuaron las celebraciones con el homenaje ofrecido por la FEUU en el Paraninfo de la Universidad y para el jueves 18 está programada en nuestra Sala Camacuá la mesa redonda «Vigencia de la unidad del movimiento sindical», en la que participarán Gabriel Quirici y Gerardo Caetano, bajo la moderación del periodista Ricardo Leiva.

El próximo 21 de agosto nuevamente AEBU se asocia a los festejos con su Tercer Campeonato de Pesca que se denominará 50 años del PIT-CNT y se disputará en La Paloma, abierto a todos los sindicatos y de carácter internacional. El lunes 29, en el local del PIT-CNT, se cerrarán los festejos de este mes con la presentación del libro Unidos hacemos historia.

El 2 de setiembre se abrirá en el Museo Nacional de Artes Visuales una muestra para exhibir materiales de su acervo artístico vinculados con las luchas obreras, junto con otros proporcionados por el Museo de la Memoria (MUME). El 13 de ese mes tendrá lugar el «Encuentro de generaciones», del que participarán los fundadores, los dirigentes de 1973, los actuales conductores de la central y los jóvenes llamados a hacer el inevitable relevo generacional.

La agenda continúa y la continuaremos desplegando en nuestro portal web, a través de Radio Camacuá y en próximas publicaciones.

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Fruto de nuestra fuerza
 

Porque compartimos muchos momentos difíciles, nos importa celebrar cuando hay motivos para hacerlo. Hace ya dos meses del aniversario, pero vale la pena recordarlo porque es un hito. El pasado 11 de junio el sindicato de OCA cumplió 18 años y se festejaron a lo grande evocando la cruzada que representó armar este gremio, cuando no había leyes para proteger a los trabajadores que quisieran sindicalizarse.

En el año 1998 se dieron en paralelo dos situaciones: por un lado y ante el gran crecimiento de los sectores no bancarios, una asamblea de la banca privada de AEBU decidió afiliarlos, en el entendido de que hacia donde iba el negocio tenía que ir AEBU; por otro, OCA había sido vendida al Bank Boston y se generó preocupación y nerviosismo entre los compañeros por los puestos de trabajo a futuro.

Esa conjunción de factores llevó a que un puñado de empleados de la institución financiera empezara a movilizarse para iniciar el sindicato, con Sergio Mautone —quien entonces formaba parte del Consejo del Sector Financiero Privado— como guía.

Patricia Fischer —consejera del sector privado, quien compartió con Mautone esta gestación— reconoció que «fueron días muy difíciles» porque «ante la desregulación había que actuar en forma clandestina».

«Armábamos lo que se llamaban círculos concéntricos: nos juntábamos en una casa e invitábamos a algunos pocos compañeros —como mucho éramos diez— y les explicábamos lo que significaba el sindicato. Y si aceptaba integrarlo, genial, pero si no le pedíamos que no lo divulgara ante la empresa. Pasábamos muchos nervios», recordó.

Finalmente, después de unos meses de trabajar en estas condiciones, el 11 de junio de 1998 se fundó el sindicato y el 12 llamaron a asamblea. Fisher recuerda que eran casi 300 compañeros afiliados, pero que aún así desde la empresa se oponían, hostigando a los que entonces conformaban la directiva.

No obstante, los compañeros siguieron su tarea y el 4 de abril del año 2000, firmaron el primer convenio colectivo. «Lo primero que hicimos fue ordenar el escalafón porque no se respetaba el cargo con la tarea correspondiente. Entonces hicimos un relevamiento, compañera por compañera, sobre qué cargo tenía y qué tareas hacía. Al definir los cargos y las tareas quedaron claras las situaciones injustas para algunas y fue así que negociamos 200 ascensos en la empresa».

Fisher contó cómo le costó al sindicato marcar presencia: «Éramos una mayoría de mujeres, entonces ya eso nos generaba una traba bastante grande, porque siempre se le da mucha más importancia a la palabra del hombre. No nos han regalado nada, sino que todo fue fruto de nuestra fuerza».

Una conquista que se destaca es el derecho a la subrogación: «Implica que si tenés que hacer una tarea por encima de tu cargo, te paguen esas horas de acuerdo con el cargo al que corresponde el trabajo». Otra: la habilitación de cuatro días para que aquellos padres que los necesiten puedan cuidar de sus hijos. «Cuando pedimos, pedimos para todos», sostiene Fisher, recordando que si bien es un sindicato con una marcada presencia femenina, este último derecho es tanto para madres como padres.

Por otro lado, hoy las compañeras trabajan solo dos sábados por mes, tienen primas por productividad y salud y cobran tiques de alimentación. También se ha firmado un convenio para limitar las tercerizaciones —unas de las herramientas de la patronal para enfrentar el sindicalismo— y ahora solo los puestos más bajos, de auxiliar y cajera, pueden contratarse por fuera de la empresa y, en todos los casos, sin exceder las 4.150 horas anuales.

En contra de la discriminación sindical se logró pautar que si la empresa asciende a un no afiliado sin haber hecho un llamado interno, tiene que ascender en paralelo a un afiliado. No hay otro convenio en la historia del Uruguay que tenga esta conquista incorporada.

Al día de hoy OCA cuenta con 370 compañeros sindicalizados, una cifra que supera la mitad de los empleados en la empresa. Son en su mayoría mujeres y llevan unas cuantas batallas a cuestas, duras y largas, pero en su mayoría ganadas.

 

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