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Educación: verbo a conjugar en plural cuando hablamos de finanzas

Jue 03/05/2012 - 14:41 por Editores

PORTAL AEBU – ¿Qué experiencias anteriores a la que hoy nos ocupa encontramos en materia de educación financiera desde el Estado?

RAMÓN SILVEIRA – Desde el Estado hay poco, pero sí existe mucha experiencia internacional. Este proceso se generaliza en los 80' liderado por Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos y recién el Banco Central Europeo, a fines de los 90', comienza un programa de educación financiera con un discurso íntegro.

PA – ¿Este tipo de educación desde el Estado produce efectos visibles en la sociedad?

RS – Sí, definitivamente. A modo de ejemplo, las políticas que hemos tenido con el cuidado del medio ambiente, que se han integrado en Primaria, ya están teniendo impacto social en la forma en que concebimos nuestro desarrollo en una forma más sustentable. Lo mismo estamos haciendo con la salud. En educación está el INE, que tiene sus programas de capacitación. Tenemos a la DGI, que también tiene su plan.

PA – Entre los distintos sectores sociales existe una desigualdad muy grande en la información con que cuentan para la toma de decisiones en materia financiera. Es decir que hay una asimetría muy grande a compensar con estos mecanismos de educación. Hay desconocimiento de las herramientas financieras y la consecuencia es que se mantienen en el tiempo las diferencias de clase social. Es decir que estamos ante un tema que afecta a la democracia. Por lo tanto, hay urgencia en impulsar estos cambios.

RS – El otro día en el lanzamiento del programa, en la ronda de preguntas alguien muy atinado levanta su mano y dice: ¿Cómo vamos a hacer que la gente tenga una visión crítica de las políticas económicas y monetarias con lo complejos que son estos temas?

Tan compleja es la economía como lo puede ser el cuerpo humano. Aún así, no todos tenemos que ser médicos para saber que si comemos fritos todos los días vamos a terminar enfermos. Con esa misma lógica, no necesitamos formar economistas. Tenemos que lograr que lo que hablen los economistas no sea chino básico, para que los ciudadanos puedan comprometerse, criticar, tomar posturas y no solo creer al político de turno que tenga la mejor oratoria.

PA – ¿La mayor y mejor educación en esta dirección puede incidir en un abatimiento del costo de los créditos?

RS – Podría indirectamente. Recordemos que el enfoque que ha tomado el banco no es solo de bancarización. Nosotros no solo vamos a capacitar en el uso de herramientas financieras sino en educación económica en general. Si enseñamos a niños a usar tarjetas de crédito, estamos acortando la infancia y no es nuestra idea que niños de seis años aprendan a trabajar con un cajero automático.

Lo tenemos que hacer en un contexto de educación integral, que genere una mayor comprensión de estos problemas. Se va a tener gente más capacitada, que sepa tomar sus decisiones, que arme un presupuesto, que evite el sobreendeudamiento, que reconozca que no toda deuda es mala y que hay distintas herramientas para facilitar la adquisición de bienes.

PA – ¿Ustedes cómo conciben el pasaje de estos conocimientos desde la escuela y el liceo a los que toman las decisiones sobre las herramientas financieras, que son los adultos de la familia?

RS – Tiene que ser integral. Una de las mayores críticas que se hace al sistema educativo es que a veces pierde su sentido. La gente siente que pasa por Secundaria de cara a una universidad a la que la mayoría no llega a ir.  Y los conocimientos se vuelven poco prácticos.

En este caso el que se impulsa es un conocimiento muy práctico. Si bien la mayoría de los adolescentes de 15 años no saben cómo manejar una tarjeta de crédito, también la mayoría de ellos la va a tener. No saben armar un presupuesto y sin embargo todos van a tener que manejar su dinero. No es algo reducido a los que piensan seguir estudios en economía.

Su anclaje no es solo en la educación formal. El plan intenta abarcar íntegramente al sistema educativo y estamos haciendo un piloto con Primaria, Secundaria y UTU, pero también nos dirigimos hacia la familia en general.

Así estamos trabajando en la Primera feria interactiva de economía y finanzas, que este año va a estar recorriendo al menos cinco ciudades y terminaríamos con un evento en Montevideo a fin de año. Pensamos acercarnos a la población en general para tratar el tema a nivel general y en la vida cotidiana, en el armado de sus microfinanzas.

PA – ¿Qué márgenes temporales se plantea el banco para ver los primeros efectos de este plan?

RS – Corren tiempos que no controlamos. Nosotros ya habíamos comenzado varias actividades el año pasado. Este año el banco elaboró un programa para trabajar no solo con el sistema educativo formal sino con un amplio apoyo del Plan Ceibal. Allí tenemos un aliado estratégico de más de 450.000 computadoras distribuidas y un portal que visitan todos los niños y adolescentes del país. A partir de entonces se iría avanzando hasta incluirlo en la currícula.

PA – ¿Ustedes tienen un convenio firmado con los organismos de la enseñanza para que ellos les hagan un espacio de modo que ustedes dispongan de un módulo educativo concreto?

RS – Hay un acuerdo que varía según la institución, pero la idea es trabajar juntos. Por un lado, con Anep y Codicen y por otro con Ceibal.

PA – ¿Y la formación de los maestros y profesores? ¿Quién se ha hecho cargo de ella?

RS – En Primaria hay un piloto con el que el banco va a capacitar a un grupo de maestros y a generar contenidos. Y esos maestros van a realizar una experiencia piloto. En función sus resultados vamos a ver lo escalable que esta iniciativa es a la totalidad.

PA – Porque luego la experiencia tiene que diseminarse entre los educadores.

RS – Exactamente. La idea sería en algún momento lograr la inclusión en la currícula, para que se institucionalice. Pero para eso también necesitamos docentes formados en estos temas y que no solo hayan tratado tangencialmente aspectos de economía, sino haberlos abordado directamente en el marco de nuevas pedagogías que ayuden a procesarlos de la mejor manera.

PA – Es un proceso gradual.

RS – Estados Unidos comenzó su plan de capacitación en el 57 y recién ahora están haciendo las mediciones de impacto en cuanto a cómo afectó en nivel de ahorro. Hay interesantes documentos sobre la diferencia que tienen en su nivel jubilatorio las personas que recibieron educación económica y financiera y las que no. Hablamos de un país que comenzó esta capacitación hace más de 50 años.

PA – Esto da clara idea de que estamos ante un esfuerzo de largo aliento. Y ello va unido a otro aspecto: debemos tener una iniciativa sostenida en el tiempo.

RS – Tal cual. No se hace magia, no se transfieren conocimientos como un archivo. Hay que generar ese know-how, trasmitirlo, generar una masa crítica, acceder a la población en general… ¿Qué pasa con la gente que ni siquiera está en el sistema educativo? ¿Cómo acercarlos a la economía y que no les resulte algo tan distante?

PA – Esto necesita un apoyo político más general. ¿Este proyecto es compartido por todos los integrantes del directorio del BCU?

RS – Es unánime la postura del directorio en este momento. Recordemos que la posición actual del banco ya se veía venir en el momento en que diseña una división de comunicación institucional que incluye específicamente un área de comunicación educativa. O sea que en la reestructura del banco estaba previsto el énfasis en esta materia.

A la vez, es un discurso que ahora se retoma oficialmente, pero que AEBU ha estado reivindicando muchos años. Uno de los documentos más conocidos es del año 2010, de la Comisión Técnico Asesora de AEBU.

PA – Para su plan ustedes han tomado algunos conceptos planteados por AEBU en una de nuestras publicaciones. ¿Qué importancia dan ustedes a este aporte institucional y a otros del mismo tenor que puedan producirse desde la sociedad?

RS – Es un papel clave. AEBU tuvo un papel clave para que esto se volviera un discurso oficial, pero ahora que ya poseemos un programa institucional tenemos que seguir avanzando en un emprendimiento de titánicas dimensiones y no podemos despreciar el aporte de nadie. Ni de otras instituciones educativas que están trabajando —y por eso el banco firmó un convenio con ellas—  de otras empresas del sistema financiero que quieran trabajar en temas de responsabilidad social empresarial y de organizaciones sociales comprometidas.

También se trabaja con poblaciones de contexto vulnerable, a través del instituto de promoción IPRU, y entendemos que este plan solo puede funcionar en la medida en que se prolongue y sustente con muchos actores comprometidos.

PA – ¿Piensan instalar algún tipo de coordinación con esas organizaciones de la sociedad que ya están trabajando en estos temas?

RS – IPRU ya está trabajando, igual que la Asociación de Educación de Economía del Uruguay. Recién hicimos nuestro lanzamiento a la opinión pública y formalizamos nuestro trabajo en forma mediática, pero a partir de ahora vamos a necesitar espacios de coordinación y contamos con las ventajas comparativas que tiene el BCU para hacer esa tarea.

Nosotros no brindamos servicios al usuario final. No se nos puede decir que estamos haciendo una campaña encubierta de marketing a los efectos de captar clientes. Nos da una libertad, en la medida en que somos una institución pública y podemos trabajar en definir una política de trabajo. Creo que tenemos condiciones naturales para asumir ese liderazgo y esperamos estar a la altura de las circunstancias.

PA – ¿Cuáles son las dificultades más importantes para el alcance de los objetivos? ¿Las que presenta la propia gente o las que encontramos en las instituciones del Estado?

RS – Creo que la mayor dificultad es la que ponemos nosotros mismos. En la medida en que no asumimos y no aprendemos a apropiarnos de un contenido lo volvemos extraño. La mayoría de los uruguayos no tiene conocimientos básicos sobre economía.

Una de las encuestas que hizo el grupo de Interconsult a solicitud del BCU nos daba números realmente impactantes sobre la poca cantidad de uruguayos que ahorra. Es duro no solo por la poca cantidad de uruguayos que tiene conciencia sobre el tema, sino porque, en contradicción, nos autopercibimos como muy previsores. Pero en los datos vemos que no hay coincidencia entre la forma en que nos autopercibimos y lo que realmente hacemos.

El 70 % de los uruguayos no tiene ningún tipo de ahorro, y no el ahorro como base de la fortuna, sino como un activo contra la vulnerabilidad. Porque los que más necesitan tener algún tipo de ahorro contra un imprevisto son las clases sociales más desfavorecidas. Tenemos que apuntar al factor cultural. ¿Dónde está la mayor dificultad? No está en nosotros buscar culpables, pero sí hacer un diagnóstico de cuál es el punto de partida.

PA – Continuando con ese diagnóstico, ¿qué podemos esperar de los bancos y las empresas de crédito? Porque hoy podríamos decir que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Es decir que la mayor utilidad de estas empresas muchas veces proviene del desconocimiento que la gente tiene de las herramientas financieras.

RS – Sí, pero también son directamente perjudicadas cuando las personas toman malas decisiones. Las instituciones que brindan préstamos y financiamiento a personas que no saben armar un presupuesto y no pueden manejar su endeudamiento, se están perjudicando a si mismas.

Lo bueno de un programa educativo es que tiene cosas positivas para todos: para la organización social, para AEBU (porque incluso si queremos cambiar las reglas del juego tenemos que conocerlas), positivas para los que usan el sistema financiero y conviene que sepan manejarse. Yo dudo que la ignorancia sea negocio para alguien.

PA – ¿Esta reflexión puede darse como algo compartido dentro de las empresas del sistema financiero?

RS – A nivel internacional esa idea se consolida. Hay varias empresas que han estado trabajando en líneas de capacitación, en diseño de videojuegos en que los jóvenes aprenden planificación. Hay uno muy bueno que es del estilo de campeonatos de fútbol, en que la persona además de manejar el partido es como un manager. Es el encargado del club, tiene que contratar jugadores y se manejan presupuestos. Y se genera así toda una conciencia de la planificación.

Eso está desarrollado por multinacionales vinculadas al sistema financiero. Que todavía no todas las empresas uruguayas hayan hecho carne de ese discurso es porque nos gusta ir lento, despacio, consolidándonos. Pero creo que vamos a camino a un consenso en torno a la educación económica y financiera.

PA – Debemos considerar que, dentro de las empresas dedicadas al crédito —al consumo, sobre todo—, hay una amplia gama. Algunas son más profesionalizadas y otras no tanto. Podría ser útil que hubiera un debate más a fondo entre estos sectores a los efectos de lograr que se autodisciplinen.

RS – Hay un elemento claro de autorregulación. Una persona educada se sabe defender. El pasado jueves lanzamos el portal del usuario financiero en el sitio www.bcu.gub.uy . Ahí hay consultas básicas sobre qué tasas de interés nos pueden cobrar y cómo calcularlas. La mayoría de los uruguayos no saben hacerlo; entonces, cuando llega la tarjeta a fin de mes lo único que hacen es pagarla.

PA – Ese puede ser un ejercicio escolar, perfectamente.

RS – Claro. Además, hay un espacio de consulta. Si no entiendo, puedo escribir y decir que mi situación es otra. También puedo denunciar a las instituciones supervisadas por el BCU en caso de que entienda que no están cumpliendo o no dieron lugar a mi planteo. Estamos intentando generar canales para que el público pueda autodefenderse en la medida en que está educado y capacitado.

PA – ¿De qué forma puede AEBU aportar a la iniciativa institucional por ustedes presentada?

RS – Dentro del trabajo de inclusión que están haciendo ustedes se puede direccionar un link al portal del usuario financiero, para que las consultas vayan a los técnicos que están trabajando aquí.

PA – Muy buena idea, ya la estaremos poniendo en práctica a la brevedad. Y muchas gracias también por sus aportes.
 

Entrevista de Enrique Roldós
 

 

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