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España padece «un engaño democrático»

Mié 25/07/2012 - 20:23 por Editores

El nacimiento de las redes de bancos internacionales, las actitudes de las patronales bancarias españolas en los países donde se instalan, la crisis del euro y sus lecciones para la integración latinoamericana, son algunos de los temas sobre los que José Antonio Gracia Guerrero —encargado de la Secretaría Sectorial de Banca de la Federación Española de Servicios, filial de la UGT— conversó con Portal AEBU.

Entrevista a José Antonio Gracia Guerrero, encargado de la Secretaría Sectorial de Banca de la Federación Española de Servicios, filial de la UGT.

PORTAL AEBU – ¿Cuáles son las expectativas sobre este encuentro que reúne a bancarios de toda América Latina?

JOSÉ ANTONIO GRACIA GUERRERO – Esta es la octava reunión de las redes de los bancos multinacionales, pero incluso antes de que ellas estuvieran en marcha como tales, nosotros ya habíamos empezado a trabajar con Latinoamérica, con México en especial. Se trató en ese caso de una bilateral entre la UGT de España con la Federación de Bancarios de México y fue a principios de los 90. Se trató de un encuentro muy agradable en México, donde empezamos a hablar de la forma de enriquecer el movimiento sindical con las experiencias que tenemos, sobre todo a partir de la incorporación —por entonces ya bastante importante— de los bancos españoles a Latinoamérica.

De este primer contacto surgió luego una visita a España y empezó a moverse este tema a nivel experimental, un comienzo que ya se ha asentado bastante con la incorporación de todos los países latinoamericanos.

PA –¿Se visualizaba ya por aquel entonces la necesidad de procurar un pacto global sobre derechos laborales que se aplicara en todos los países?

JAGG – Desde el principio tratamos de ver las diferencias en la operativa de los bancos en cuanto a relaciones laborales y condiciones de trabajo. Nuestra idea es que, aunque las leyes son distintas en los distintos países, la aplicación que una empresa debe hacer hacia sus trabajadores debe ser muy homogénea. Porque al final, los beneficios que la empresa obtenga son uniformes, se saquen de donde se saquen, para darle a la empresa la capacidad de representación a nivel mundial.

Sin embargo, los derechos de los trabajadores son distintos en distintos ámbitos, aprovechándose de legislaciones más permisivas o de situaciones en que las empresas manejan a su antojo las relaciones laborales o condiciones de trabajo.

PA – ¿En ese contexto los países de Latinoamérica están en desventaja?

JAGG – Están en desventaja, lógicamente, porque también en Europa la ventaja que hemos tenido es que después del fallecimiento de nuestro dictador, la Constitución trajo consigo un estatuto de los trabajadores en que se mantenían una serie de derechos mínimos establecidos, que la propia Constitución ya amparaba, y luego la negociación colectiva ha ido profundizando mucho más.

Y las empresas tienen un trato diferente, que no siempre es bueno, pero está bastante diferenciado de lo que pasa en otros países en que se establecían las entidades. La idea nuestra es que si bien hay que tener un respeto a la legislación de cada país, la empresa puede poner de su parte todo aquello que como empresa puede hacer: la homologación de los trabajadores y de los derechos sindicales, los derechos de igualdad, de promoción de hombres y mujeres. Hay muchas cosas que no dependen de la legislación. La ley no impide que no se cumpla por encima, sino que no se cumpla por debajo.

PA – Cuáles son las instituciones españolas con las que más han dialogado?

JAGG – Nosotros hemos trabajado sobre todo con Santander y BBVA.

El BBVA siempre ha sido más abierto al diálogo y ha estado dispuesto a entender las redes. Incluso ha recibido a representantes sindicales de los distintos países de América Latina donde está establecido. Con el apoyo de los sindicatos españoles, hemos tratado siempre de ser los vehículos para que haya un entendimiento y la empresa matriz conozca la situación en los distintos países, por la voz directa de los representantes sindicales. Eso ha servido.

En el Santander nos ha costado mucho más, porque el Santander tiene otra forma de trabajar. En España tenemos buena relación laboral, pero aquí en Uruguay, por ejemplo, AEBU ha tenido una lucha permanente contra el banco, porque no quería cumplir determinadas condiciones que los sindicatos exigían.

En Colombia y Brasil ha habido enfrentamientos importantes y el banco nunca se ha avenido a abrir un espacio de colaboración y de coordinación para que los representantes sindicales tengan una voz de participación directa.

Este es el paso previo natural para que expliquen su situación y, a partir de allí, tratar de buscar mejoras y acuerdos que permitan dar un poco más de vida a la relación laboral, al diálogo social y a la participación de los trabajadores. Este diálogo es un beneficio para todos, para la empresa y para los trabajadores de cada país.

PA – Justamente, una de las consignas de las redes de bancos aquí reunidas es «romper barreras», es decir eliminar los obstáculos que todavía se presentan en algunos países a la acción sindical.

JAGG – Creemos que el trabajo en redes es una buena posibilidad de coordinar, para dar ideas, aportar experiencias y recibir también experiencias que son positivas y a lo mejor nosotros no las tenemos en cuenta. Eso significa ver y conocer las diferencias importantes en los países con la misma empresa y la misma región. Esa coordinación permite a los sindicatos tener objetivos comunes, proponer estrategias a veces muy complicadas porque en el tiempo cuesta ponerlas en marcha. Se necesita mucho tiempo y mucho aguante, y a veces no tenemos tanto aguante. Lo importante es conocer el mapa, la situación y las diferencias e intentar buscar soluciones.

PA – Ayer se hablaba de la integración política y económica dentro del sur…

JAGG – La integración es muy importante, y debería haber existido desde hace muchos años, porque la desintegración solo favorece intereses espurios de las grandes potencias, que utilizan a los países a su antojo. Creo que la posibilidad de que haya una unión al estilo de la Unión Europea pero con los matices regionales debidos, sería importante. Pero con la experiencia que hemos tenido en Europa, conviene que sepan que no se puede hacer a la ligera. La integración no solo son temas económicos, políticos y monetarios, sino que además hay que poner fiscalidad, moneda única, derechos de participación de los trabajadores, y hacer una legislación social para equiparar.

Hay países emergentes con mucho potencial, otros que son ricos pero no están desarrollados y otros que no tienen mucho para desarrollarse. Por lo tanto, van a necesitar mucha ayuda y comprensión. Eso a veces no se entiende por los ciudadanos de los países emergentes y se crean algunas situaciones un tanto extrañas.

PA – La misma disparidad que se advierte en Europa entre los Estados más poderosos y otros periféricos, se observa también en América Latina. ¿Se pueden recoger experiencias europeas para evitar decepciones en nuestro continente?

JAGG – Hay que equilibrar el desarrollo para que los países estén en una línea homogénea, porque si no se descompensa mucho y al final los intereses nacionales priman sobre los de la integración y se destruye la integración rápidamente. Por eso hay que tomar lo mejor de las experiencias que ya existen y no cometer los mismos errores que se han cometido en la Unión Europea, donde hay un ataque a la deuda soberana de cualquier país, como España o Italia, Portugal, Grecia o Irlanda, y en vez de actuar como grupo, cada uno defiende su país, sus bancos y sus inversiones. Y no se preocupan de lo que les pase a los demás.

Cuando se quieren dar cuenta, el agujero que se produce es muy grande y daña la imagen del euro, de la Unión Europea. Porque no se han puesto mecanismos para ayudar a un país o a una estructura de país. Los países que se han adherido a la UE han perdido algunas competencias en virtud de esa integración, porque si no se pierden competencias, cada uno va a su guerra y eso no sería nunca integración.

Por eso, creo que para desarrollar países como Paraguay, Uruguay, Argentina o Brasil —este último con un poderío enorme— hay que aprovechar lo positivo con que se cuenta para potenciar y hacer crecer a toda la región. Y también, dar a toda la región una homogeneidad que permita a todo el mundo estar contento y apoyar la integración. Si no, todo quedaría en un flan muy grande que se vendría abajo.

PA – ¿Cómo ve la situación en España y las políticas de austeridad que se aplican, en contradicción a las corrientes que dicen que no hay que apoyarlas?

JAGG – La situación es muy similar a lo que ha pasado en otros momentos en otros continentes, incluyendo el americano. Creo que, cada 10 o 11 años, al capital internacional especulativo le gusta mostrar que ahí está con su poder, que no está controlado por ningún organismo y atenta contra la viabilidad de los países. Pasó en Argentina con el corralito y en otros momentos con la zona latinoamericana. En los años 90 y tantos hubo una crisis enorme en Latinoamérica y en el 2000 también.

Pues ahora le toca a Europa, que ha tenido una situación de mucho dinero, porque había mucha liquidez en el sistema financiero, que permitía a las personas endeudarse demasiado. Se favorecía la especulación, como el crecimiento inmobiliario, que da rentabilidad a corto plazo con un encarecimiento de las viviendas. Eso daba mucho dinero a los bancos y se metieron en un berenjenal hasta que se cortó por la crisis norteamericana. Se cortó de raíz la liquidez; no había dinero y se ha creado ahí un agujero enorme del que es muy difícil salir si no hay políticas acertadas.

PA –¿Qué ha pasado con las políticas?

JAGG – Primero, la Unión Europea no ha reaccionado de forma adecuada para proteger su entorno y hacer saber a los países que están en situación complicada cómo salir, pero haciendo las cosas bien. Se ha permitido a los políticos hacer muchas cosas e intervenir mucho en materias que han puesto en riesgo al sistema financiero, sin contar que hay una pérdida de derechos sindicales y laborales.

Y también está presente la posibilidad de perder derechos civiles en este momento de crisis. Porque hay que salvar el sistema financiero, que es la espina dorsal del movimiento capitalista mundial y de los sistemas económicos nacionales. Si falla, se viene todo abajo.

Por eso han tomado como meta salvar primero a los bancos aún a costa de todo lo demás: del modelo social europeo, del estado de bienestar, y de los derechos. Consideran que más adelante eso se podrá recuperar, pero mientras tanto el daño es irreparable para los ciudadanos. Sobre todo, para los que tienen menos poder adquisitivo. Y luego la violencia se ejerce sobre los trabajadores, subiéndoles el IVA, reduciendo salarios, quitándoles pagas de beneficios.

PA – Las situaciones son diferentes también, según quienes administren las crisis…

JAGG – Sí, también está lo ideológico. Porque cuando los partidos de izquierda gobiernan, tienden a que el impacto sobre los ciudadanos sea más homogéneo y que los que más ganan tengan que aportar más, porque son más ricos y han recibido mucho más de la sociedad. Por lo tanto, en momentos difíciles tienen que poner más dinero.

Pero los gobiernos de derechas protegen a su clase y no quieren hacer daño a las grandes fortunas, las grandes multinacionales y grandes fundaciones. En resumen, a todos los que han vivido y viven mejor que los demás y aunque tuvieran que aportar un poco más no lo sentirían tanto como los trabajadores cuando les reducen una parte de sus salarios.

Por eso los sindicatos nos estamos movilizando, porque aún sabiendo que la situación no es buena y hay que hacer ajustes y recortes, hay que hacerlos con un sentido común. No todo el mundo tiene que ser sancionado con las mismas medidas, sino que hay gente que tiene la posibilidad de aportar mucho más y por lo tanto hay que tener una política distributiva también.

Así como se hace con los beneficios también se tiene que hacer con las deudas. Y la deuda la tienen que soportar más aquellos que más tienen y más ganan, y que más se han beneficiado del trabajo y los buenos momentos de la sociedad. Eso es lo que queremos. Que no solo haya recortes de gastos sino también aportaciones al incentivo y al desarrollo, porque si no la ruina es enorme.

PA – Así que no están en contra de las medidas de reducción de gastos, pero sí acompañadas de…

JAGG – Lo que tiene que haber es que el coste esté controlado, porque durante los últimos años tener mucha liquidez en el mercado ha permitido hacer muchas cosas que son impensables. Cuando haces una revisión de las grandes obras que han hecho los políticos —sobre todo en comunidades autónomas— para engrandecer su nombre y su prestigio, ves que han hecho obras faraónicas, que no tienen sentido para un país o una economía como la nuestra. Es tirar dinero sin ningún tipo de control, y sobre todo, sin objetivos claros. Eso ha arruinado a muchas regiones, que prácticamente están en quiebra. Y ahora quieren que el Estado les ayude. Nosotros queremos primero que haya una política de ajuste de costes, para ser racionales, y no solo quedarse en el recorte de salarios y derechos. Tiene que haber políticas de impulso y desarrollo para crear empleo, porque si se crea empleo se desarrolla la actividad y se sale adelante de la crisis mucho más rápido.

En cambio, si a los trabajadores les reducen el salario, compran menos, y la clase media es fundamental en estos países, porque es una clase media que se ha extendido mucho en los últimos años. Ahora no pueden aportar dinero a la economía y por lo tanto se restringen las compras y la economía se hunde. No es una política acertada. Lo acertado es ver cómo redistribuir los costes y cómo se va atajando la deuda con la participación de todos, pero teniendo en cuenta la capacidad de cada uno. Además, hay que impulsar políticas de desarrollo para que permitan crear empleo y que la economía tire adelante.

PA – ¿La aplicación de medidas ameritaba un referéndum? ¿Cómo se reclamaba?

JAGG – Creo que los sindicatos tratan de llamar la atención a un gobierno que ha ganado con mayoría absoluta mintiendo y engalanando. Han prometido cosas que no cumplen y sabían que no iban a cumplir. Han dicho que no iban a subir los impuestos, que iban a crear una expectativa de mejora para crear empleo, y todo lo contrario. Han subido los impuestos y en especial el IVA, se han cargado la educación y se están cargando la sanidad y la seguridad social. Están cobrando las medicinas a los jubilados, les quieren quitar a los desempleados una parte de lo que cobran. Ponen en cuestión un acuerdo nacional que se hizo para subir la edad de jubilación a los 67 años.

A los mineros les habían prometido hasta 2018 mantener las ayudas al carbón y las quieren quitar inmediatamente. Todo lo que se había apalabrado con la sociedad, lo están incumpliendo. Entonces, los sindicatos dicen que si se han presentado con un programa electoral que están incumpliendo, tendrán que hacer un referéndum a ver si los ciudadanos están de acuerdo con lo que están aplicando.

El Partido Popular con su mayoría aplastante quiere de alguna forma justificar que puede hacer lo que quiera. Y no. Tú tienes que hacer lo que quieras en función de tu programa electoral. Resulta que te presentaste con un programa electoral y has engañado a todos los ciudadanos, porque no lo estás cumpliendo. Además, haces lo contrario, que es todavía peor. Si en vez de bajar los impuestos los subes; en vez de bajar el IVA, lo subes y en vez de lograr mejor sanidad pública y educación estás restringiéndola, como el acceso a la universidad (encareciéndolo para quienes no tienen dinero, subiendo las tasas universitarias)…

Eso significa que todo es una mentira profunda que afecta al corazón de la democracia, y por lo tanto los sindicatos decimos que ya que no se atreven a dar la cara, al menos pidan al pueblo el referéndum, para saber si están de acuerdo. Porque si no, usted está actuando con un engaño democrático, que daña mucho la imagen y perjudica al conjunto del país.

 

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