Una asamblea histórica

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Una asamblea histórica

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«El 13 de agosto de 2002 para mí fue un antes y un después. AEBU se posicionó como un interlocutor absolutamente válido en medio de la crisis más dura que el país había vivido».

Así lo sentenció Elbio Monegal, presidente de nuestro sindicato, al recordar en el estudio de Radio Camacuá la actuación de los dirigentes de entonces, encabezados por el compañero Lalo Fernández, presidente de AEBU en aquella época. Entre ellos señaló a «la figura más destacada por su presencia, que era Juan José Ramos. A Juanjo la gente lo visualizó como el hombre que, en aquel momento de crisis, salía a dar la cara». 

Si bien el sindicato del sistema financiero era precisamente eso, un sindicato, debió pegar un salto y tomar una responsabilidad mayor. La de hablar y proponer cuando nadie lo hacía. «Fue un momento importantísimo, nadie hablaba, nadie decía nada desde el gobierno ni desde la oposición sobre lo que estaba pasando. Se había roto la cadena de pagos del país, la gente tenía el dinero dentro de los bancos y no se sabía qué iba a pasar, había una gran conmoción, cuatro bancos que no abrían… Entonces el sindicato resolvió convocar a ahorristas, usuarios, clientes de los bancos y a la población en general al Salón Azul de la Intendencia Municipal de Montevideo. La idea era dar una charla y explicar cuáles eran los caminos que, desde el punto de vista del sindicato se debían recorrer para buscar una salida para todos. Porque lo que estaba en juego era el país. Estaban cuestionadas las instituciones democráticas». 

«El sindicato trascendió su cometido natural»

Tras esta puesta en situación, Monegal recordó el acto histórico: «Ese día fue muy importante, porque fue una jornada de movilización nacional. Si bien el acto se hizo en el Salón Azul de la Intendencia, se retrasmitió para todas las capitales departamentales del país. A mí me tocó estar en Melo ese día y allí vimos por video lo que estaba pasando en el Salón Azul. Una imagen me quedó grabada y no la voy a olvidar más:

Juanjo empieza diciendo 'nosotros les pedimos que estuvieran y acá estamos. Venimos a dar la cara'. Eso dijo y se rompió el salón bajo los aplausos. Porque nadie daba la cara.

Solo que alguien estuviera para dar la cara a la gente era importante. Tanto fue así que quedó chico el Salón Azul y había tanta gente en el atrio que hubo que hacer nuevamente allí otra asamblea, porque no habían escuchado lo que pasaba en el Salón Azul. Este fue un día inolvidable en momentos de una crisis enorme y allí se vio como un sindicato trascendió su cometido natural para convertirse en un defensor del país, de sus instituciones y de la gente más necesitada. No nos olvidemos que muchas empresas chicas corrían el riesgo de no poder seguir funcionando porque se quedaban sin cuentas bancarias, sin poder girar cheques, sin recibir sus pagos… Era un problema muy importante y la pérdida de puestos de trabajo —no solo en el sistema financiero sino en todo el país— fue enorme a raíz de esa crisis.»  

Lejos del caos de Argentina

En Melo recuerdo que estaba repleto el club con trabajadores, empresarios, gente del agro, porque la situación impactaba a todo el mundo. Más allá o más acá pegaba por un lado o por otro, independientemente de la actividad que cada uno desarrollara. Recuerdo que cuando terminó la videoconferencia la gente aplaudía y luego vinieron las preguntas. Nosotros podíamos decir lo que creíamos que podíamos hacer, pero esto no dependía solamente de nosotros. Había otros actores, estaba muy complicado el problema de la banca extranjera.

Algunos bancos estaban viendo si se quedaban o si se iban. Porque del tamaño de la crisis dependía si se capitalizaban o definitivamente pagan los depósitos y se iban.

Era un momento muy complejo en el que había que dar la mayor tranquilidad para que no pasara lo que pasó por ejemplo en Argentina, donde hubo un desborde social tremendo, en medo del cual la gente apedreaba los bancos, rompía vidrios. Acá no pasó nada de eso porque se logró ordenar a los ahorristas y a los usuarios y que los reclamos se canalizaran por vías lógicas, como el Banco Central y las autoridades uruguayas. Eso generó que, si bien la crisis fue muy dura, no tuvo el impacto social que produjo en Argentina.