Nuevamente el trabajo como variable del ajuste

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Nuevamente el trabajo como variable del ajuste

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Las primeras señales del gobierno electo comienzan a mostrar con claridad las orientaciones y prioridades que se impulsarán a partir de su asunción, el próximo 1 de marzo.

EDITORIAL 

En un acto trascendente —tanto por lo manifestado como por lo simbólico, en un almuerzo organizado por la Unión de Exportadores en el Club de Golf— se presentó frente a los sectores económicos más importantes del país una simulación de Consejo de Ministros. Allí, con diversos énfasis y participantes, se desarrollaron los ejes fundamentales de la próxima administración.

Alineado con las definiciones de campaña, el contenido incluyó los principales escenarios de coincidencia entre el futuro gobierno y las cámaras empresariales. Particularmente destacadas fueron las propuestas referidas al rol central que ocupará el sector privado en los próximos años y la atención a sus reclamadas rebajas tarifarias, aún a costa del debilitamiento de la posición estratégica de las empresas públicas. Estuvo presente entre los anuncios la reducción del déficit fiscal mediante la contracción del gasto público, sin que se estableciera hasta el momento con claridad las áreas en que se generarán los futuros ahorros. También se comunicó la decisión de centrar el manejo macroeconómico en el control de la inflación y paralelamente dejar más libre el tipo de cambio, a favor de la expectativa de los exportadores de que —devaluación mediante— se corrija el atraso cambiario.

En este contexto resulta particularmente trascendente para el futuro de los trabajadores la definición del nuevo escenario en el que se desarrollarán las relaciones laborales. Un escenario en el que estas aparecen asociadas directamente como variables para elevar la productividad y la competitividad empresarial, de modo de  generar un equilibrio que resulte más favorable para las patronales.

Fue al hablar de relaciones laborales cuando la futura ministra de Economía, Azucena Arbeleche, se explayó al anunciar: «Las diferencias entre las empresas, según sus características en los mercados, de acuerdo a su ubicación geográfica o de acuerdo a su tamaño, hacen que los laudos deban considerarse en forma distinta». A pesar de la radicalidad de su propuesta consideró a este como «un punto que, en el ámbito de los consejos de salarios, las partes se van a poner de acuerdo». Tras esta declaración se sintió obligada a hacer una afirmación que sonó discordante: «Quiero transmitir que acá no hay una imposición de nadie». Y a continuación puntualizó: «Los consejos de salarios se tienen que fortalecer, los tenemos que mejorar y sobre esto no va a haber sorpresas». También se incluyeron en sus anuncios —especialmente aplaudidos en este caso— la intención de derogar el decreto que regula las ocupaciones de los lugares de trabajo.

De esta manera el discurso próximamente oficial incluye de forma sintética algunos conceptos claros. Las negociaciones serán entre las partes; por lo tanto, el gobierno asumirá un papel secundario y librará los acuerdos a la correlación de fuerzas entre patronales y trabajadores. Se promoverá la negociación por empresas, en detrimento de la efectuada por ramas de actividad. Incluso, dentro de empresas, podrían llegar a plantearse adecuaciones de carácter geográfico o de mercados. Y, como corolario, la única limitación anunciada intenta recaer sobre la capacidad de movilización de las organizaciones sindicales.

Se trató de un discurso realizado en el día de los exportadores, en un evento de y para los empresarios, que hizo suyas en su totalidad las definiciones ideológicas y reclamos corporativos de las patronales. Los propósitos oficiales fueron evaluados positivamente por los empresarios, quienes por su parte anunciaron un aporte de iniciativas para mejorar la competitividad que serían incluidas en la ley de urgente consideración. 

Y aunque se asume el compromiso de seguir respetando el funcionamiento de los consejos de salarios y de preservar la negociación colectiva, las orientaciones generales planteadas implicarían un deterioro sustancial en los contenidos que dichas herramientas permitan alcanzar. Una nueva formulación, en suma, destinada a que los consejos de salarios solo alcancen pautas generales, al tiempo de producir la fragmentación de los ámbitos y contenidos de la negociación colectiva. 

Con este diseño se busca claramente que la capacidad de negociación de los trabajadores se diluya, para incorporar decisivamente el costo laboral y los derechos de los trabajadores como variables directas para la competitividad y el incremento de la tasa de ganancia de las empresas.

Enfrentaremos un proyecto de relaciones laborales que requerirá de los trabajadores un mayor desarrollo de su organización; seguramente escenarios de mayor confrontación y movilización a la hora de preservar derechos y generar conquistas. Y sin lugar a dudas, una profundización de la solidaridad, para defender por todas las formas necesarias a los colectivos de trabajadores más débiles y vulnerables.

El nuevo equilibrio de fuerzas requerirá asumir el desafío de construir alianzas con el conjunto de la sociedad y llevar el debate estratégico a todos los rincones del país.  Requerirá del movimiento sindical un mayor compromiso para seguir creciendo en conciencia, organización y solidaridad.