Por el camino errado

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Por el camino errado

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Los permanentes ataques que sufre el movimiento sindical desde el Gobierno solo obtendrán como resultado el redoblar de nuestra lucha en defensa de los derechos adquiridos.

EDITORIAL

Para el debate político se requiere habilidad de los protagonistas y respeto por el oponente, dos condiciones que aseguran su fluidez y que los argumentos en él vertidos puedan llegar a la población y ser comprendidos. Si  falta alguno de estos requisitos el intercambio se empobrece. Y si están ausentes los dos, termina arrastrado por el piso. Así sucedió el pasado lunes cuando  se produjo un ataque a las libertades sindicales y a las investiduras de los dirigentes.

Se llegó allí a ignorar por parte de un legislador la propia ley que regula las licencias sindicales para facilitar un mejor ejercicio de la actividad gremial. No estamos ante el primer ataque sufrido por el movimiento de los trabajadores en tiempos recientes, pero preocupa especialmente que en este caso el objetivo haya sido la propia persona del presidente del PIT-CNT.

Por mérito propio la figura de Fernando Pereira se ha ganado la popularidad y el aprecio de la gran mayoría de los uruguayos, por su mesura y su don de gentes. Se trata de una de las personalidades más relevantes del país, y su conducta cuidadosa refleja la del conjunto de nuestro movimiento sindical del que estamos enormemente orgullosos. Por ello debemos condenar este tipo de ataques. Ellos solo pueden crispar el debate de ideas y alejarnos de la construcción de una sociedad mejor y más justa.

Nuestro compañero Fernando Gambera explicó en Radio Camacuá que la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación están reguladas por los convenios 87 y 98 de la OIT, ratificados por Uruguay. En particular, el artículo 3 del Convenio 87 establece: «Las autoridades públicas deberán abstenerse de toda intervención que tienda a limitar este derecho o a entorpecer su ejercicio legal». Por ello para Gambera «no se puede estar cuestionando continuamente los derechos adquiridos y desconociendo una construcción como la OIT, que acaba de cumplir 100 años».

Después de lo dicho cabe una pregunta: ¿Estamos ante hechos aislados —que casualmente coinciden en un tiempo breve— o sufrimos una ofensiva antisindical? Lamentablemente asistimos a señales políticas inequívocas, mantenidas desde el inicio del Gobierno de Luis Lacalle Pou. La regla ha sido el enfrentamiento al movimiento sindical a través de variadas formas: intentos de reglamentación de los sindicatos, exigencia de personería jurídica, limitaciones a las libertades sindicales (como las relativas al derecho de huelga incluidas en la LUC), y prohibiciones relacionadas con la libertad de reunión dispuestas durante la pandemia, entre otras. 

Ante esta indudable ofensiva antisindical debemos recordar nosotros, y recordarle a quienes nos agreden, que nuestro movimiento sindical atravesó la dictadura y salió de ella enhiesto. Reivindicó y amplió los fueros sindicales y multiplicó sus afiliaciones en los últimos lustros. Todos estos avances se han logrado dentro del respeto entre las personas y al amparo de las leyes, y así esperamos continuar. 

Pretendemos que las reglas de juego logradas no se desdibujen y que una violencia surgida desde la política se impregne luego en los ambientes empresariales, porque para construir una democracia vigorosa se debe tener (y cuidar) organizaciones sociales robustas, partidos políticos fuertes e investiduras respetadas. Estos son los ingredientes de la democracia. Cuesta mucho construirla y por su conservación debemos velar de continuo. Por ello pongamos por delante las ideas y dejemos de lado las animosidades personales que nos hacen perder los objetivos No distraigamos nuestro pensamiento con las provocaciones; centrémonos en la nueva ronda de consejos de salarios cuando deberán negociar 193 subgrupos de actividad, con unos 640 mil trabajadores involucrados. 

Atendamos a la recuperación salarial al cabo del período puente. Luchemos por los salarios de los funcionarios públicos. Y fundamentalmente —en lo más inmediato— pongamos todas nuestras fuerzas en la tarea de llegar a las firmas requeridas para habilitar el referéndum contra la LUC.

Repitamos con Fernando Gambera: «Debemos cuidar mucho la democracia que hemos sido capaces de construir y debatir sobre ideas, no sobre cuestiones personales».