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Entrevista a EVA SZARFMAN, economista, integrante de
la Comisión Técnico Asesora de Aebu.
ANDREA MORENI – En estos días la prensa está
comentando noticias sobre las calificadoras de
riesgo, en relación a la calificación del BROU y el
BHU, que han sido rebatidas por el BCU. En Uruguay
la calificación de riesgo data de fines de los 90.
¿De qué trata este ejercicio de evaluación?
EVA SZARFMAN – Esta práctica intenta informar a los
inversores sobre la calidad crediticia y la
capacidad de repago de las instituciones financieras
en general, que son emisoras de deuda. En el caso de
los bancos, evalúan su capacidad de repago de
depósitos. Los otros grandes entes calificados por
las calificadoras son los gobiernos. Si compro bonos
de una entidad —como el caso de un gobierno— o si
deposito en un banco —como inversor o depositante—
¿qué me garantiza que me devolverán la inversión o
mi depósito?
Las calificadoras miran la capacidad de devolver el
dinero prestado o depositado y observan las
condiciones y fundamentos de la actividad de estas
entidades. Sobre todo en caso de los bancos, el
concepto es que un depositante aislado no tiene la
capacidad suficiente para entender en su totalidad
todas las características de la institución en la
que depositó. Entonces, las calificadoras les dicen
cuál es la calidad de la institución.
AM – ¿Cuál es la diferencia con una evaluación de
riesgo tradicional del sistema bancario?
ES – En el caso de un gobierno, las calificadoras
miran si tiene capacidad de repago de la deuda:
miran cuál es su situación fiscal y cómo evolucionan
sus ingresos. Entonces, pueden decir que determinado
país no tiene capacidad de repago de deuda y le
ponen una nota baja a la deuda. De esta forma, los
inversores no la compran.
En el caso de los bancos, lo que se está haciendo es
una operación bastante novedosa. Lo que Moody´s está
haciendo con el BROU y el BHU es mirar el apoyo
sistémico que pueden tener. Se trata de la capacidad
del sector público de apoyar a estas entidades en
una eventual situación problemática. Quieren darle
una recomendación a los depositantes en caso de que
el banco pueda tener problemas y están evaluando los
depósitos en moneda nacional. Lo que Moody´s está
diciendo es que si los bancos públicos uruguayos —de
los que el Estado es prestamista en última
instancia— tienen problemas, el Estado va a tratar
de sostenerlos, como lo hizo en 2002.
Moody´s no solo se mete con los bancos públicos de
Uruguay sino que está cambiando su metodología para
evaluar el apoyo sistémico de los bancos públicos en
todos los países. Hasta este momento Moody´s miraba
si el BCU tenía capacidad de darles liquidez ante
eventuales problemas. Pero ahora, en una crisis tan
larga como la que enfrenta todo el mundo, la
capacidad de apoyo de un BCU converge con la
capacidad fiscal de todo el gobierno. Entonces, todo
el sistema público está más comprometido. En Uruguay
no hubo grandes dificultades de liquidez y por eso
se critica esta posición por ser un enfoque muy
general.
AM – En realidad, según el BCU, los parámetros de
solvencia, liquidez y morosidad determinarían una
mejor calificación que la actual.
ES – Exactamente. Es que las calificadoras
determinan una metodología internacional y no tiene
por qué servir para todos los países. Pero ellos la
aplican al barrer. La agencia mira básicamente el
déficit fiscal y ve que la capacidad de los bancos
centrales de proveer liquidez se parece mucho a la
capacidad fiscal del gobierno. Entonces, en vez de
mirar la capacidad del BCU de proveer liquidez miran
la capacidad fiscal del gobierno. Y en el caso de
Uruguay, esta capacidad ha tenido un deterioro,
porque la actividad económica es más lenta, por la
sequía, y otros motivos. Pero no es un déficit
fiscal enorme, aunque sea mayor que hace dos años.
Las autoridades de los bancos dicen que los bancos
están en la mejor situación de estos últimos cinco
años. Es probable que estos bancos, con su buena
situación, no necesiten un apoyo sistémico. No
tenemos riesgos de liquidez o solvencia. El problema
de aplicar una metodología genérica a una situación
particular crea estos problemas.
Entonces, si estos bancos están bien y la
calificadora les baja la nota a los depósitos en
moneda nacional un escalón, puede empezar a haber
algunos inversores que piensen que tienen algún
problema y no invierten con ellos. De alguna forma,
las calificadoras se están convirtiendo en una
profecía autocumplida.
Se trata de opiniones, en definitiva, que las
instituciones tienen la obligación de contratar
porque los bancos centrales se los exigen a las
instituciones financieras. En general, las opiniones
de las calificadoras son bastante miradas, sobre
todo en el exterior. Cada institución puede
contratar una o varias calificadoras para que haga
los informes. (Está bien, porque cuanto más
información haya, mejor).
Otra crítica que se les hace a las calificadoras es
que a veces los problemas les pasan por delante y no
los ven. Creo que a raíz de que la crisis les pasó
por delante y no la vieron, se están poniendo mucho
más estrictos y por eso miran todo con lupa.
AM – Seguramente, en Uruguay, después de la crisis
bancaria de 2002, la atención a estos informes es
mayor y estos informes influyen en el empleo y la
calidad de vida.
ES – Son cosas muy abstractas, pero que terminan
teniendo impacto. Una de las primeras señales, que
causó un estancamiento muy fuerte antes de la crisis
de 2002, fue la rebaja de la nota. Uruguay tenía
grado inversor y lo perdió. Esas calificaciones
negativas influyeron muchísimo en la capacidad del
gobierno de endeudarse a niveles razonables, y por
lo tanto complicaron muchísimo la economía. Tanto el
BROU como el BHU están en buena situación, pero si
hay una rebaja de la calificación en general, podría
llegar a haber dificultades para el banco a la hora
de conseguir préstamos a determinada tasa de interés
y por lo tanto, terminarían derrapando hacia otros
sectores de actividad.
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